Hay más cosas que llaman la atención de un gallego al vivir en Dublín, aparte del acento de la gente y de la manía que tienen de conducir por la izquierda. La obsesión por la limpieza me sorprende: no paran de pasar coches limpiadores por las carreteras, cada papelera tiene su cenicero y cada casa tiene tres contenedores para separar la basura, por ejemplo. Se bebe bastante alcohol y eso que no es nada barato (una botella de whisky te cuesta en el supermercado más o menos 30€, como nos dijo hoy un compañero andaluz que se disponía a enseñarle al pueblo irlandés el botellón español). Es común ver a chicos bebiendo cerveza junto al Liffey a las cinco de la tarde, como hoy. No sólo la bebida es cara, la comida también lo es. Una persona acostumbrada a la dieta mediterránea o la comida de España se asustaría literalmente, de lo que puede ver por estas tierras. Aquí no se puede ir a comer a un restaurante el plato del día, como hacemos en España, ya que te costaría más de 20€, sin exagerar. Lo que hay que hacer es comprarse un sándwich por 3€ e ir a comerlo al Stephen Green. Tampoco hay barras de pan como en España (aquí son casi bollos) y si nosotros comemos con aceite de oliva (una botella te cuesta aquí unos 5€ en el súper), ellos usan mantequilla para TODO. Hoy, por ejemplo, me he comido un bocadillo de jamón serrano de pan de “butter” untado con “butter” y ayer Joey para hacer sopas en la salsa del estofado irlandés previamente untó el pan con “butter”. Así se come en Irlanda. Una cosa si me gusta de su comida: las galletas. Hay unas que se llaman Ginger Nuts que están de vicio.
También es una ciudad bastante azotada por la crisis. Es común ver por las calles a personas pidiendo dinero y me han dicho que eso hace unos años no pasaba. Además, según nos comentó nuestro profesor, la economía irlandesa es muy frágil, depende incluso más del “ladrillo” que la nuestra. Debido a esto, se espera que la recesión sea incluso más dura. No sé si es causa de la mala situación económica, pero la verdad es que Dublín es una zona bastante peligrosa de noche. Hace unos días atracaron a Joey y le rompieron el labio y los profesores ya nos avisaron de zonas que es mejor no visitar, incluso a plena luz del día.
Hay muy pocos parkings de coches y escasas motos. Los conductores de bus son unos amantes del riesgo. Frenan a milímetros del bus siguiente y realizan adelantamientos que yo sólo he visto en el Burnout, os lo aseguro. Sin embargo, es muy raro oír bocinazos o frenazos.
La jornada laboral aquí es generalmente de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Las tiendas suelen cerrar sobre esa hora o a las seis. Los pubs no están abiertos hasta casi el amanecer como en España. Aquí a las dos o tres de la mañana todos cerrados. La verdad es que me gusta más este sistema que el de España, donde si quieres ver ambiente tienes que esperar hasta las doce o incluso más tarde.
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