martes, 2 de febrero de 2010

Diario de Irlanda. Capítulo 12: Santa María, te ofrezco mis piernas.

¿Sabéis esa sensación tras andar durante horas que dices “mis piernas no pueden más, tengo que parar”? Pues yo no paré. Desde las dos hasta las siete de la tarde recorriendo la zona norte del Liffey. Me dispuse hoy ver los lugares más importantes de la zona norte de la ciudad y eso hice.


Empecé en el monumento a Daniel O’Connell. Desde allí me dirigí a la Custom House, la aduana de la ciudad en tiempos pasados y símbolo del imperialismo británico para los seguidores del Sinn Feinn, que le prendieron fuego en 1921. Es un edificio imponente, como otros muchos de la ciudad, y que desde la orilla opuesta del Liffey se ve en todo su esplendor. Siguiendo mi peregrinaje llegué al Abbey Theatre, considerado el teatro nacional y famoso por representar las obras de W. B. Yeats, el mismo de la exposición de la National Library. Mi siguiente parada era la St Mary’s Pro-Cathedral, situada justo en frente del Ministerio de Educación, la Tyrone House. En la catedral se estaba oficiando una boda, por lo que me dio corte entrar y la dejé para el final.

Llegué de nuevo a la O’Connell Street. Cada vez me gusta más esta calle, en serio, y con buen tiempo da gusto pasear por ella. Hay muchos edificios que merece la pena ver: la oficina de correos (a la que también le prendieron fuego –la búsqueda del calor es una constante en la historia irlandesa-), el centro comercial Clerys, etc. Al final de la calle está el Parnell Monument, que marca el inicio de la Parnell Square.


La Parnell Square tiene lugares bastante interesantes, como el Gate Theatre o el Rotunda Hospital. Sin embargo a mí el que más me gustó fue el Garden of Remembrance, un pequeño pero precioso parque en honor a todas aquellas personas que murieron defendiendo la libertad de Irlanda. Me atreví a entrar en la Galería de Arte Moderno que está justo en frente del parque. Al contrario que el museo de arqueología y que en la Galería Nacional, éste estaba prácticamente vacío. Una vez me asusté cuando me di cuenta que en una sala había un guardia de seguridad sentado en una silla, no lo había visto al entrar.


Pocos sitios me quedaban por ver. Cerca de Henry Street me encontré con la St Mary’s Church, una pequeña iglesia convertida en restaurante. Impresionaba por dentro y en el piso superior había un enorme órgano. En la misma calle de la iglesia había dos grandes jugueterías en las que no dudé entrar. Una de las cosas que más me impresiona de las jugueterías es que, aparte de muchos juguetes, hay también muchos niños llorando. Resulta ciertamente un poco contradictorio. Al salir de las jugueterías me fui para la St Mary’s Pro-Cathedral. Acostumbrado a las iglesias románicas de Galicia, te impresiona ver una iglesia con una fachada inspirada en un templo griego, en el Templo de Teseo de Atenas para más señas. En el interior hay una grandísima cúpula y varias columnas de inspiración griega. Muy bonita desde luego y sobre todo, diferente.

La última parte de mi travesía me llevó a Four Courts, un edificio que me gustaría visitar cuando esté abierto. Al edificio adyacente, la Public Records Office, ¿adivináis lo que le pasó? Sí, le prendieron fuego. Al Four Courts le pasó algo parecido, lo bombardearon durante la Guerra Civil Irlandesa en la década de los veinte del siglo pasado. De camino a Four Courts puedes ver desde el río Liffey el impresionante edificio del ayuntamiento de Dublín, con una gran parte acristalada. Está al lado de la Christ Church Cathedral, una chulada que merece visitar con tiempo. Justo tiempo era el que no tenía y me dirigí en autobús hacia Crumlin.


Tras comer una hamburguesa con su correspondiente ensalada (hay que compensar), nos pusimos a ver Factor X. Menudas risas. Había uno que decía que veía ángeles por todas partes (una cagada de perro podría ser un ángel para él) y que lo inspiraban para cantar. Cantar no cantó pero nos hizo reír un buen rato.

No hay comentarios:

Publicar un comentario