martes 2 de febrero de 2010

Diario de Irlanda. Capítulo 18: Hasta la vista Dublín.

No me gustan las despedidas. Bueno, creo que a nadie le gustan, por eso prefiero verlas como un hasta luego más que un adiós. He conocido a mucha gente y he visto muchos sitios que quiero volver a ver otra vez, así que de adiós nada de nada.

Dublín no es una ciudad especialmente grande, no tiene grandes monumentos, no destaca ni por su clima ni por su gastronomía, pero tiene pequeñas cosas que te encantan. La amabilidad de la gente, la música de Grafton Street, los cuidados parques, la gente en pantalón corto y en chancletas con sólo 15 grados, la omnipresente mantequilla o las puertas de colores. Por todo esto me alegro que mi primer viaje fuera de España haya sido a este país tan acogedor y amable.

No diré que este viaje me haya cambiado la vida porque no sería cierto. Sin embargo, sí que ha producido en mí algo: unas tremendas ganas de volver. Así que lo dicho Éire, no te sorprendas si me ves por ahí.

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