martes, 2 de febrero de 2010

Diario de Irlanda. Capítulo 8: Yo de mayor quiero ser vikingo.

Un día de perros el de hoy. Parecía el día perfecto para irse para casa después de salir de clases. Sin embargo, quedé con César, un compañero de clase de Jaén, y decidimos visitar algunos museos de los alrededores.

Al primero al que fuimos fue al Arqueología. El edificio no era especialmente grande pero era muy bonito, con un interior que merecía fotografiar; lástima que quitar fotografías estuviese prohibido. Había varias secciones. La primera estaba dedicada a la prehistoria, con un apartado para los objetos de oro, como torques o collares. La segunda estaba dedicada a la evolución del arte irlandés y al final de la misma podías ver diversos trajes de época medieval, originales, no réplicas. Una sección que me gustó mucho fue una donde podías ver unos restos humanos de la Edad de Hierro encontrados en unas ciénagas. La tercera estaba y la cuarta fueron las secciones que más me gustaron. Estaban dedicadas a los vikingos y la época medieval respetivamente y ocupaban una gran parte del edificio. Había desde armas hasta reconstrucciones de asentamientos vikingos, pasando por vestimenta o abalorios. En una zona había incluso una réplica de una embarcación vikinga. Sé de un “payo” que lo pasaría de maravilla por allí. La última de las secciones estaba dedicada al Antiguo Egipto y a César fue la que más le gustó. Cuando acabamos nos quedamos un rato viendo chuminadas en la tienda del museo. Como en Guiness, había toda una variedad de objetos.


Al salir decidimos ir a la National Library. En el piso inferior había una exposición en honor a uno de los más famosos escritores irlandeses, William Butler Yeats. Tanto a César como a mí nos pareció un tanto extraña. Al final dejamos nuestra marca en el libro de firmas. Nos dispusimos a ir a la sala de lectura pero sólo estaba abierta hasta las 12 del mediodía. Otro día será.

Sin darnos cuenta ya eran casi las cinco de la tarde. Pasamos de visitar la National Gallery pero César me enseñó Merrion Square, unos bonitos parques famosos por tener una estatua de Oscar Wilde.


Quedamos después con una amiga de César, Cristina, en un pub del Temple Bar para tomar una pints, en el Purty Chicken. Me dijo César que era el único donde las pints te salían a 3,50€, lo cual estaba bastante bien. Estuvimos hablando durante una hora, hasta las seis. Luego Cristina se fue a la biblioteca a hablar inglés con otros españoles (creo que ya comenté esto). En principio tanto César como yo íbamos ir pero entre la pereza, las ganas de irnos para casa después de estar andando toda la tarde y la pint que acabábamos de tomar, lo dejamos para el próximo martes. En casita me esperaba una sabrosa lasaña.

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