Retened este nombre: Honda. Es japonés y actualmente está jugando con su selección el Mundial de Sudáfrica. Digo que lo retengáis porque es de los mejor que nos está dando esta Copa del Mundo junto con el alemán Özil. Ayer él solo doblegó a toda una escuadra vikinga y selló el paso a octavos de los ‘samuráis azules’. Es que era impresionante cómo sostenía a todo su equipo en el centro del campo, cómo lo golpeó al balón en el primer gol nipón, cómo aguantaba el balón esperando a que subiesen sus compañeros. A su lado, diez jugadores nipones que no sólo mostraron muestras de cansancio en los cinco últimos minutos. Les bastaba con empatar pero no jugaron a eso. Ellos no son como Italia o como esas selecciones autodenominadas “grandes”. Presionaron a Dinamarca desde el principio y apenas le dieron oportunidades. Honda y Endo lideran a todo un ejército de samuráis que no se rendirán en octavos: tora, tora, tora.
¿Y qué me decís de Italia? Decepcionante fue la salida de la escuadra italiana. Parecía que no se jugaban el pase y los eslovacos sacaron las vergüenzas de la defensa italiana (quién te ha visto y quién te ve Cannavaro). A punto estuvieron de lograr el pase, sacando los últimos veinte minutos el verdadero gen ganador que tanto los caracteriza, pero hubiese sido injusto para el fútbol. Los eslovacos hicieron el partido, ya no de su vida, sino de toda su corta historia como país. Quizás la situación de Italia no sea tan preocupante como la de Francia (es la primera vez en la historia de los Mundiales que campeón y subcampeón caen en primera ronda), aunque debe replantearse una renovación y un replanteamiento de su forma de ver el fútbol. Una Eslovaquia humilde y jugando al fútbol de manera sencilla ha sido mejor que la todopoderosa Italia. Los del limes han puesto han ganado a toda una legión romana.
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